Mientras giramos en el tiempo, todo sentido es encuentro.

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Tarea: re-aprender a usar internet

Sobre la necesidad de volver a las calles, de romper nuestras burbujas de información y de reconocer que somos vulnerables a los rumores, que podemos involuntariamente difundir.

Después del 2 de octubre muchos estamos en crisis. Esperábamos celebrar al final del día el fin de un conflicto largo y cruel, que ha estado presente todos los días de nuestras vidas. En cambio, tuvimos que enfrentar la tristeza profunda de la decepción y la impotencia. Desde entonces intentamos reconciliarnos con los millones que votaron No a los acuerdos de la Habana entre el gobierno y las FARC y con otros tantos millones que no salieron a votar, o no pudieron. Con el pasar de los días, y por los giros extraños de la historia, fuimos descubriendo las estrategias sucias de engaño y manipulación que usaron en la campaña por el No, orquestadas por el Centro Democrático (CD). Este breve texto es sobre el uso de las redes sociales durante los días de campaña.

La campaña por el No del CD renunció a la estrategia, democráticamente legítima, de explicar los acuerdos y expresar públicamente las razones para rechazarlos. El CD renunció al juego democrático y se enfocó en la difusión de rumores. Tanto en los medios masivos de comunicación clásicos –radio y televisión– como en múltiples plataformas en internet, el CD puso en circulación innumerables mentiras con el fin de que los acuerdos parecieran inaceptables por ser inmorales y peligrosos para los valores que, según ellos, deben tener la sociedad y el estado.

Al final de la tarde de las votaciones, muchos votantes por el Sí nos despertamos de nuestro sueño de un apoyo masivo a los acuerdos. Por semanas veíamos a muchos de nuestros amigos y conocidos apoyando el Sí. Estábamos encerrados en burbujas de información. Vivimos encerrados en estos círculos que sólo revelan nuestra más arraigada tendencia a caer en el sesgo confirmatorio. Imagino que incluso algunos votantes del No tuvieron esta experiencia.

Las redes sociales (Twitter, Facebook, Instagram y Whatsapp) jugaron un papel fundamental en las votaciones del Plebiscito por la Paz.

Ahora mucha gente se moviliza en las calles y en las plazas. Han redescubierto la belleza del aparecer en lo público y de la fuerza del encuentro, del tejer juntos, del caminar acompañados, del gritar a una sola voz. También esto muestra que estamos en un momento de aprendizaje. Quienes a pesar de la vileza de las estrategias de algunos defensores del No le seguimos apostando a la democracia, nos exponemos compartiendo nuestra posición, nuestras ideas, firmando peticiones, organizando discusiones, conversando también con los del No; escuchamos, leemos, hablamos y compartimos textos como éste, porque también esto es la participación democrática (así parezca que es dar cátedra).

Dos reflexiones desde la Plebitusa:

1. Nuestro modo actual de usar las redes sociales (e internet en general) nos está encerrando en burbujas de información y de opinión. La descentralización de los medios de comunicación que puede generarse en internet, no está teniendo lugar porque filtramos todo con las recomendaciones de nuestros contactos o con los algoritmos que jerarquizan la información para nosotros.

Podemos romper con este enclaustramiento ahora mismo volviendo a la consulta directa de múltiples portales de información, blogs, diarios y revistas, cuentas de Twitter de periodistas, activistas, etc. Más aún, creo que podemos y que debemos hacerlo si acaso aún guardamos la esperanza de participar de una vida política mínimamente autónoma. Sabemos hasta qué punto la información que recibimos condiciona nuestra manera de sentir el mundo y nuestro modo de pensar. Asumamos entonces la responsabilidad que tenemos con nosotros mismos y con los otros de buscar las mejores fuentes de información, de contrastarlas y de mantener una postura crítica constante. Esto no lo reemplaza ninguna fuente única, ninguna autoridad, por prestigiosa que sea.

2. Ha quedado demostrada, una vez más, la influencia que tienen los rumores sobre las decisiones colectivas. Quienes han decidido engañar deben ser investigados y juzgados. Han cometido un delito al difundir voluntariamente información falsa con el fin de favorecer sus intereses; han violentado nuestra democracia. Podemos, y nuevamente creo que debemos, presionar para que esto tenga lugar. Pero más importante aún, nos cabe asumir esta otra responsabilidad: difundir involuntariamente información falsa es un error que nos puede pasar a todos. Podemos ser manipulados, sobre todo cuando estamos listos a compartir información como medio de participación política. Ahora que sentimos esta vulnerabilidad compartida, debemos repensar colectivamente cómo sobrellevarla: mientras la multiplicación de fuentes de información es deseable para evitar la censura y la ideologización, la falta de instancias de verificación, edición y explicación (funciones que están implícitas en los procesos editoriales de los periódicos serios), nos expone a nuevos riesgos, que sólo podremos conjurar si decidimos cómo por medio de la participación responsable y el diálogo incansable.

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“Me hablarás del fuego. Los hornos de la infamia” de Javier Osuna

El libro que quiero leer pronto. Admiro mucho la valentía del autor: dice varias verdades que los colombianos preferimos no ver y no decir.

Ninguna paz sin memoria.

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Zona humanitaria de Puente Nayero – Buenaventura, Colombia

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La digital eternidad de ayer

Facebook nos recuerda nuestro pasado y nos permite volver a compartir la imagen ya compartida. De mis contactos, los más nostálgicos están llenando la sección de noticias con las fotos ya vistas y los comentarios ya leídos. Facebook abre así un “loop” temporal perfecto para la sobre-exhibición de lo mismo. La representación de la representación. La ficción de ayer convertida en noticia de hoy.

Sin embargo, esta función de Facebook tiene una ventaja. Nos recuerda un rasgo de Internet y de lo digital. No sólo Facebook sino Internet en general funciona como la psique freudiana en la que nada se pierde. Me refiero a aquella analogía que Freud usa en El Malestar en la Cultura entre la mente y Roma para explicar la conservación de lo psíquico. Hoy (?) Facebook nos muestra que es errónea la concepción de que el olvido (o borrar cosas que antes fueron públicas) significa la destrucción o aniquilación del dato o la vivencia.

En Internet todo se conserva. Quizás nosotros no tengamos acceso a aquellas fotos o a aquellos correos que en la tristeza borramos, pero en algún lugar virtual aún se conservan. La potencial eternidad del hecho digital significa que lo digitalizado puede quedarse con la humanidad hasta su final: lo captado por nuestra cámara, por el micrófono de nuestro teléfono al igual que las ideas puestas en bits por medio del teclado o de la digitalización de nuestra escritura a mano tienen una duración insólita. Mejores métodos de conservación de lo digital con creados constantemente. Hacemos copias de seguridad de las copias de seguridad de aquellos archivos alguna vez digitalizados.

Quizás para tranquilidad de esa misma psique atormentada por sus finitudes (no sólo somos finitos porque hemos de morir) lo digital compartido se multiplica. La foto alguna vez enviada por Whatsapp queda copiada en distintas carpetas en nuestro celular y en el que la recibe. También queda en los servidores por los que aquel mensaje ha pasado para llegar a su destinatario. En el caso de muchos países, como en Colombia, el dato queda registrado en los sistemas de inteligencia del Estado y también en los de distintas agencias de los Estados Unidos como la NSA, la DEA y la CIA. (Próximamente comentario sobre reciente informe de Privacy International sobre Colombia)

La digitalización trae consigo nuevas temporalidades. Lo sabemos bien por la “instantanealización” de las comunicaciones. No sólo se altera nuestra vivencia del tiempo cuando el Newsfeed parece un periódico de ayer, sino que en lo digital la finitud de las cosas se transforma. ¿Cómo asume el nostálgico el hecho de que ya nada está realmente amenazado de perderse? Los peligros que amenazan a la única foto del abuelo, cuyo papel los hongos le ganan a los gorgojos, parecen desaparecer. La aparente inmaterialidad de los bits salva los registros humanos de la corruptibilidad de lo material. Lo digital se sustrae prácticamente a la condena a la disolución en el tiempo.

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Otro buen documental, que no se puede compartir en FB

Algunos de mis contactos en Fb. compartieron este documental hace un par de días. Desafortunadamente sus perfiles han sido censurados: el documental y los mensajes con los que los compartieron fueron eliminados. Ahora no se puede compartir este documental directamente. La Operación Pacific Rubiales debe ser visto: la pluralidad de voces y posiciones es la clave de la democracia. Además, debemos replantearnos las relaciones Estado-Empresa y ciudadano-redes sociales. Vea y comparta como pueda, si lo logra.

 

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Censura en Colombia. Documental 9.70

El año pasado vi uno de los mejores documentales hechos en Colombia, el documental 9.70. La temática que en él se trata está muy bien presentada para el contexto nacional.  Lo más interesante es que la política que hay detrás es global y amenaza a la humanidad y al medio ambiente. Hoy se intenta configurar en el mundo el monopolio más peligroso de la historia: el monopolio de la producción alimentaria. Nosotros, como muchos otros, comemos semillas.

Lo que ha sido por millones de años patrimonio de la humanidad hoy se convierte en patrimonio de unas pocas empresas que ponen las legislaciones nacionales a su servicio. En ningún otro dominio se encuentra una tiranía mayor: no hay consulta ni información. Un principio tan básico como no comprometer a las generaciones futuras por medio de leyes inamovibles se viola de hecho en el momento en que las semillas que crean semillas se vuelven ilegales, y cuando se condena a la humanidad a vivir bajo el imperio de unos pocos productores. Este documental, disponible en Youtube (aquí), es un trabajo excelente que merece ser visibilizado.

La censura no cabe en una democracia. Se puede resistir a la pretensión de borrar el pasado para reescribir la historia (aún más) al servicio del poder. Mire el documental, comparta este video, y siga atento al gran reto del siglo XXI: la soberanía alimentaria.


 

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